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¿E

s el fútbol también un juego de mujeres?

La pregunta puede parecer anticuada o superflua en algunas partes del mundo porque, aunque haya sido históricamente dominado por los hombres, es uno de los deportes femeninos más populares: alrededor de 30 millones de adolescentes y mujeres juegan al fútbol en todo el planeta, estima la FIFA.

Sin embargo, las mujeres se enfrentan constantemente con discriminación, sexismo y recursos limitados. En varios países las mujeres no tienen permitido jugar. En otros, sus propias familias las desalientan porque el fútbol no es considerado femenino. O directamente las acusan de ser “marimachos”. Casi todas se enfrentan con los estereotipos culturales, incluso a nivel institucional. Como cuando el ex presidente de la FIFA Joseph Blatter les pidió a las futbolistas que usaran uniformes ajustados para hacer los partidos más comerciales, o cuando el presidente de la Liga Nacional Amateur italiana se refirió a las jugadoras como “cuatro lesbianas”.

El contrato firmado por Neymar es el equivalente al sueldo de las 1,693 futbolistas mujeres de las siete principales ligas de fútbol femenino del mundo.

También, claro, hay una cuestión económica en un mundo donde las mujeres ganan aproximadamente un 20% menos que los hombres. Una investigación realizada por el Foro Económico Mundial muestra que harán falta 100 años para que se cierre la brecha salarial de género a nivel internacional. Esta realidad no es ajena al fútbol, donde la brecha salarial entre mujeres y hombres está más arraigada que en la política, los negocios, la medicina y la ciencia, señala una encuesta realizada por Sporting Intelligence en 2017. El estudio detalla que el contrato firmado por Neymar en 2017 con el Paris Saint-Germain por 36.8 millones de euros (45.32 millones de dólares) es el equivalente al sueldo de las 1,693 futbolistas mujeres de las siete principales ligas de fútbol femenino del mundo (Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Suecia, Australia y México).

La disparidad de salarios no solo se produce dentro de los clubes, donde muchos argumentan que es el resultado directo de los mayores ingresos que genera el fútbol masculino. Incluso para los equipos nacionales, donde es el Estado el que decide cómo remunerar a los jugadores, las mujeres ganan menos que los hombres. A veces, no ganan nada en absoluto: el 35% de las jugadores en las selecciones no recibe ninguna compensación por representar a su país, según una encuesta reciente del sindicato mundial de los jugadores FIFPro. Pocas naciones, como Noruega y Dinamarca, están dando pasos hacia una mayor igualdad salarial.

También hay discriminación cuando se trata de la cobertura que realiza la prensa: solo el 4% del contenido de los medios deportivos está dedicado al deporte femenino y solo el 12% de las noticias deportivas son presentadas por mujeres.

“Cuando decidimos qué queremos hacer y quién queremos ser, miramos a la sociedad que nos rodea y pensamos cuál es la oportunidad aquí, qué hace la gente como yo, y qué puede hacer la gente como yo”, dice Rachel Allison, socióloga experta en temas de género y deportes de la Universidad Estatal de Mississippi.

“Cuando eres una niña, si no ves a otras chicas o mujeres jugar al fútbol, ante todo es muy probable que no vayas a desarrollar esa ambición. Y aquellas chicas que sí lo hacen y desean entrar al mundo del fútbol, se encuentran solas y enfrentan muchos obstáculos cuesta arriba”.

Para este proyecto periodístico hablamos con mujeres futbolistas talentosas y reconocidas en África, Europa y América Latina con el objetivo de examinar la desigualdad de género utilizando el fútbol como lente.

 

Brasil

"Incompatible con la naturaleza femenina"

“E

lla no es normal”.

Esto es lo que Marta Vieira da Silva escuchó una y otra vez mientras crecía. Nació en Dois Riachos, en el estado de Alagoas, al noreste de Brasil, una de las zonas más pobres del país. Era la única niña en su pequeño pueblo que jugaba al fútbol.

“La gente se aseguraba de hacértelo saber”, dice, con los ojos llenos de lágrimas.

Conocida simplemente como Marta, es, sin dudas, una leyenda futbolística. Tiene el récord de goles hechos en el Mundial de Fútbol Femenino, y es la única mujer reconocida como la mejor del mundo cinco veces.

A Marta no le fue fácil llegar a la cima, y la frustración y tristeza de aquellos días siguen frescas en su memoria.

“Era solo yo, una nena en medio de un montón de chicos”.

Marta Vieira Da Silva

“Era solo yo, una nena en medio de un montón de chicos. Es lógico que la mayoría de mi familia no lo aprobara. No lo podían aceptar porque la gente todavía pensaba que no estaba permitido a las chicas jugar fútbol”, dice Marta.

Entre 1941 y 1979, el gobierno de Brasil prohibió que las mujeres jugaran al fútbol y otros deportes por ser “incompatibles con su naturaleza”. Incluso, después de que se levantara la prohibición, los prejuicios y estereotipos permanecieron.

En 1999, cuando Marta tenía 13 años, no le permitieron jugar un torneo por ser mujer. “Estaba muy frustrada en ese momento. Miré a mi alrededor, dejé de pensar, simplemente no podía entenderlo”, comenta la futbolista. “¿Por qué es tan difícil aceptar que una persona nació con un talento, sabe jugar a la pelota, quiere hacerlo y es algo que la hace feliz?”

Aún hoy, hay muchas historias similares a la de Marta.

Laura Pigatin sueña con jugar profesionalmente al fútbol, pero tiene prohibido participar en torneos regionales.

Las mejores jugadoras hacen su carrera en el exterior. Marta, por ejemplo, se mudó a Suecia a los 18 años y ahora tiene doble nacionalidad. A pesar de ser una leyenda, en Brasil aún le dicen “la Pelé con falda”.

Las mujeres permanecen casi invisibles frente a una selección masculina, la más exitosa de la historia con cinco Mundiales ganados, que monopoliza la atención internacional. “Brasil es conocido como el país del fútbol, pero es el país del fútbol masculino”, remarca Angélica Souza de Dibradoras, un portal brasileño dedicado al deporte femenino.

Desde 1980 se han destinado pocos recursos al fútbol femenino en Brasil. Varios torneos nacionales fueron interrumpidos, y las jugadoras ganan tan poco que, con frecuencia, deben trabajar de otra cosa. Recién en 2013 la Confederación de Fútbol de Brasil (CBF) lanzó una liga nacional de mujeres.

“Brasil es conocido como el país del fútbol, pero es el país del fútbol masculino”. Angelica Souza, experta deportes femeninos 

Gambia

¿Cuán lejos estás dispuesta a llegar por tu sueño?

Era la arquera de la selección nacional y de los Red Scorpions, uno de los equipos más importantes en la liga femenina.

F

atim Jawara fue una de las mejores futbolistas de Gambia.

Gambia no tiene fama futbolística, a diferencia de otros países del continente como Ghana, Camerún o Nigeria; pero el fútbol es el deporte más practicado en este país de África occidental, incluso entre las mujeres.

A veces, en búsqueda de nuevos desafíos, Fatim asumía un segundo rol como defensora. A los 15 años representó a su país en el Mundial Sub-17: por su desempeño, recibió un dinero del gobierno y ella se lo entregó a su madre para ampliar su casa.

Para Fatim, cada día representaba una nueva lucha: no recibía ningún salario por ser futbolista y sus vecinos la criticaban constantemente por considerarla demasiado masculina. También se enfrentaba a las barreras culturales que, en este país, hacen la vida de las mujeres especialmente difícil. Su padre era un imán muy respetado de Serekunda,ciudad en las afueras de Banjul, la capital-. En su casa convivía con las cuatro esposas del padre -incluida su madre-, varios hermanastros y docenas de sobrinas y sobrinos.

“Fatim era extraña en la familia”, dice Momodou Jawara, su hermano mayor. “En Gambia, si actuas así, te miran como si fueras lesbiana aunque no lo seas. Y todos conocen la tradición: si eres lesbiana, te dejan de lado, ni siquiera quieren hablar con vos”.

En 2016, a los 19 años, Fatim decidió iniciar un viaje peligroso para alcanzar su sueño: convertirse en futbolista profesional en Europa.

Finalmente, su historia dio la vuelta al mundo en la prensa, pero no por la razón que ella deseaba: en octubre de 2016, Fatim Jawara se ahogó en el Mediterráneo cuando naufragó el bote en el que viajaba junto a docenas de personas.

Fatim tomó lo que en Gambia llaman el “camino trasero” (“the backway”) hacia Europa. Es decir, la ruta que hacen las miles de personas sin visa. Es un viaje largo, peligroso y costoso -puede salir más de 2.000 dólares-, y la mayor parte se destina para los contrabandistas a lo largo del camino. Fatim viajó con una amiga, Chaat, y no está claro cómo ahorraron dinero para el viaje. Fueron de Gambia a Senegal, y siguieron luego por Malí, Burkina Faso y Níger, hasta llegar a la costa de Libia. El complejo recorrido incluyó atravesar el Sahara, el desierto cálido más grande del mundo.

Miles de gambianos intentaron hacer el mismo camino en 2016. Gambia tiene 1,8 millones de habitantes. Ese año, cerca del 1% de su población total llegó a Europa. Muchos se fueron por las dificultades económicas y políticas del régimen autocrático de Yahya Jammeh, que estuvo en el poder 22 años, hasta 2017.

“Fatim hubiera conseguido ser una jugadora brillante. Realmente quiero que sea un símbolo de esperanza para las jóvenes”.
Fatoumata Jallow-Tambajang, vicepresidenta del Gambia

 

Rio Preto Esporte Clube es un ejemplo perfecto de la falta de recursos. El equipo femenino ganó el campeonato nacional en 2015 y fueron campeonas en 2016 y 2017 del torneo de San Pablo. Sin embargo, su campo de entrenamiento resalta por lo irregular: está lleno de hormigueros. Jessica de Lima, una de las jugadoras mayores, hace las veces de entrenadora, ganando 2.500 reales por mes (765 dólares). Las otras viven gracias a una beca municipal. Ganan entre 1.500 y 2.000 reales por mes (unos US$460 / US$615). Comparten una misma habitación entre cinco en una casa facilitada por los dueños del club.

“Luché tanto en mi vida para poder jugar al fútbol que ninguna dificultad me va a detener”, dice de Lima.

“Es como noche y día”, dice Sarai Bareman, jefa de la oficina de fútbol femenino de la FIFA, al comparar el fútbol masculino y femenino en Brasil.

Bareman viajará al país tropical en abril para tratar algunas preocupaciones con la CBF.

La CBF fue criticada en 2017 después de despedir a Emily Lima, la primera entrenadora mujer de la selección nacional. Cinco jugadoras renunciaron a la selección. “Nosotras, y casi todas las mujeres brasileñas, estamos excluidas del liderazgo y la toma de decisiones para nuestro propio equipo y nuestro propio deporte”, dijeron las jugadoras en una carta abierta. “Las acciones que estamos tomando ahora están motivadas por el deseo de que todas las mujeres y niñas que siguen nuestros pasos puedan lograr más de lo que hicimos, incluso, dentro y fuera del campo”.

“En América del Sur hay una percepción muy negativa sobre las chicas que quieren entrar al al fútbol. Creo que la FIFA tiene un rol muy importante: dar el ejemplo”, concluye Bareman.

Marta, reconocida como la reina del fútbol, dice que es necesario luchar para crear un cambio.

“Siendo mujer, no tuvo la oportunidad de sobresalir y cumplir su sueño: convertirse en una estrella de fútbol en Gambia”, dice Fatoumata Jallow-Tambajang, vicepresidenta de Gambia y al frente del Ministerio de la Mujer. “Al mirar el talento de Fatim, con las oportunidades en Europa hacia las que fue, hubiera conseguido ser una jugadora brillante. Realmente quiero defender su causa para que no se olvide, para que sea un símbolo de esperanza para las jóvenes”.

La historia de Fatim sirve también como una advertencia para sus compañeras de equipo, quienes dicen que nunca intentarían ese viaje, a pesar de la falta de dinero e infraestructura para el fútbol femenino.

Las chicas juegan sobre canchas arenosas y frecuentemente los arcos no tienen red. Solo clasificaron una vez a un Mundial: el Sub-17 de Azerbaiyán 2012, donde recibieron una paliza en cada partido de la primera fase.

La trágica historia de Fatim Jawara sirve como advertencia para las otras futbolistas del Gambia.

UNICEF dice que tres de cada cuatro niñas son víctimas de mutilación genital y que a una de cada tres mujeres la casan antes de los 18 años, mientras que a una de cada diez la casan a los 15 años.

Con una población mayormente musulmana y una sociedad fuertemente tribal, las jóvenes en Gambia enfrentan muchas dificultades culturales. La mutilación genital femenina y el casamiento infantil son todavía prácticas comunes, a pesar de haber sido prohibidas en 2015 y 2016, respectivamente. UNICEF, la agencia de las Naciones Unidas para la infancia, dice que tres de cada cuatro niñas son víctimas de mutilación genital y que a una de cada tres mujeres la casan antes de los 18 años, mientras que a una de cada diez la casan a los 15 años.

A pesar de todo, la liga se está fortaleciendo y el deporte sigue creciendo entre las chicas.

Aminata Camara tuvo que enfrentarse a su familia para poder jugar al fútbol. Ahora es la capitana del seleccionado de Gambia Sub-17

“Cuando la gente escucha hablar de fútbol, dice que es para hombres, no para mujeres”, dice Ajara Samba, de 19 años, jugadora del equipo nacional y amiga de Fatim Jawara y de Aminata Camara.

Muchas chicas, entre ella Samba, sueñan con jugar en el extranjero algún día. Pero no hay buscadores de talento que se ocupen de fútbol femenino en Gambia. Solo una vez, en 2017, la delantera Adama Tamba logró una prueba con el Paris Saint-Germain, pero no recibió un contrato. Samba dice que generalmente las mujeres en Gambia abandonan el fútbol alrededor de los 20 años, algo que también es común en otros países, porque terminan formando una familia y adoptando un rol más tradicional en la sociedad. “A esa edad te das cuenta de que te estás haciendo vieja y no estás ganando nada jugando al fútbol”, dice Samba.

 

Dinamarca

Todavía lucha por derechos igualitarios

T

al vez Nadia Nadim nunca hubiese descubierto su talento si no hubiera llegado a Dinamarca bajo circunstancias dramáticas.

Su padre, Rabani, era general en el ejército afgano. Fue asesinado por los talibanes cuando Nadia tenía 10 años. Su madre, Hamida, decidió escapar con sus cinco hijas a Europa. Las seis mujeres manejaron hasta Pakistán, con la ayuda de un contrabandista. Volaron hasta Italia con pasaportes falsos. Luego, se escondieron en un camión y terminaron en Dinamarca.

Fue allí, en un centro danés para demandantes de asilo, donde Nadia descubrió su pasión. “No sabía que las chicas podían jugar al fútbol o a cualquier deporte en general”, dice. “Conocía el fútbol porque a mi papá le encantaba. Teníamos una pelota en casa pero solíamos jugar a otras cosas con ella”.

Nadia se convirtió en la primera nacionalizada danesa que juega en la selección femenina de fútbol. Fue elegida como la mejor jugadora del año por la Asociación de Fútbol de Dinamarca en 2016 y en 2017, año en el que además fue galardonada con el Premio a la Danesa del Año por uno de los diarios más importantes del país.

“Si me hubiera quedado en Afganistán, seguramente estaría casada, tendría hijos y estaría con ellos en la casa. Por mi manera de ser, ni puedo imaginarme que estaría viva”, dice.

Nadia Nadim es un modelo para las niñas que sueñan con una carrera en el fútbol.

Dinamarca es considerado uno de los países europeos con mayor igualdad en el mundo. Le sigue a Suecia en el Índice sobre Igualdad de Género de Europa, muy por encima del promedio en el continente.

Sin embargo, las futbolistas pelean por un mayor reconocimiento por parte de los sponsors y por una salario igualitario.

“Vivo en Dinamarca, donde la igualdad se supone una prioridad, por eso me sorprendió que no lo fuera en el ámbito del fútbol. Realmente me decepcionó ver cuán injusto era”, dice Nadim.

Índice sobre Igualdad de Género de Europa

     País                   Score         

    

1) Suecia                        82.6 

2) Dinamarca                   76.8

3) Finlandia                      73.0

4) Países Bajos                 72.9

5) Francia                         72.6

6) Reino Unido                  71.5

7) Bélgica                       70.5

8) Irlanda                         69.5

9) Luxemburgo                  69.0

10) Eslovenia                   68.4

La selección femenina danesa salió segunda en la Eurocopa de 2017, atrayendo a más espectadores que nunca. Entonces, las jugadoras trataron de negociar un salario y condiciones de trabajo mejores. Incluso, hicieron una huelga y faltaron a un partido de las eliminatorias para el Mundial, poniendo en riesgo su calificación. La situación se puso tan tensa que los jugadores de la selección masculina intervinieron. Ofrecieron pagar 500.000 DKK (US$82.000) al año de sus ingresos para nivelar cualquier diferencia. La Asociación Danesa de Fútbol (DBU) rechazó la oferta.

Finalmente, gracias a la disputa, en noviembre de 2017 se logró un acuerdo. Las mujeres lograron un contrato por cuatro años con mejoras en el servicio de salud y asignaciones mensuales para las futbolistas, acortando así la brecha salarial con la selección masculina.

Dados los recursos limitados disponibles en los clubes, las mujeres dependen en gran medida del pago que reciben de los equipos nacionales.

El acuerdo danés se produjo solo un mes después de que en octubre de 2017 se firmara un acuerdo histórico, cuando Noruega se convirtió en el primer país del mundo en otorgar igualdad de condiciones salariales a ambas selecciones. Fue la asociación de fútbol de Noruega la que propuso las nuevas condiciones, que duplicaron el salario de las mujeres.

“Como futbolistas, tenemos la obligación de luchar por los derechos; y la igualdad es básicamente un derecho humano. ¿Por qué es tan diferente para hombres y mujeres? ¿Por qué pensamos todavía como si estuviéramos en la Edad de Piedra en un país como Dinamarca?”, se pregunta Nadim.

“En Dinamarca el fútbol es todavía un juego de varones”.
Jette Andersen, presidenta del club Fortuna Hjørring

“En nuestro país, el fútbol es todavía un juego de varones porque las jugadoras de la selección nacional no tiene los mismos derechos”, dice Jette Andersen, presidenta de Fortuna Hjørring, un equipo de fútbol íntegramente de mujeres en el norte de Dinamarca. Nadim jugó en ese club antes de que su carrera tomara vuelo internacional.

En 2017, el club abrió la primer academia de fútbol profesional para chicas con el fin de fomentar una nueva generación de jugadoras. “Nuestro club es 100% para chicas y estoy convencida de que hace una gran diferencia ya que no se ven obligadas a competir con los varones”, dice Andersen.

La sueca Caroline Jönsson, presidenta del Comité de Fútbol Femenino de FIFPro, el sindicato mundial de jugadores, dice que, aunque pueda parecer contradictorio, las cosas en los países más avanzados como Dinamarca se han movido lentamente debido a lo que ella llama “gratitud culposa”.

“Estás simplemente muy agradecida de que puedas jugar”, dice la también ex-arquera de la selección sueca.

Ella hace autocrítica al explicar las dificultades que enfrentan las atletas para mirar hacia el futuro. “Alguien podría quitarte la oportunidad de jugar al fútbol. Es una amenaza real. A veces los equipos quiebran incluso en las mejores ligas. En la historia, a las mujeres les han prohibido jugar al fútbol”, dice Jönsson. “Esa amenaza se internaliza, ha sido difícil para las mujeres poner presión porque estamos simplemente tan contentas de poder jugar”.

La lucha

“D

más no puede ser la solución”, dice Rachel Allison, de la Universidad Estatal de Mississippi. “No es posible una solución individual para un problema socio-estructural”.

ecir que las niñas deben ser más persistentes y que tienen que imponerse

Los movimientos internacionales de mujeres recibieron mucha atención por parte de los medios en 2017. Hubo una creciente demanda de igualdad salarial, huelgas de mujeres y el muy difundido movimiento #metoo, que comenzó denunciando casos de abuso en Hollywood y avanzó a otras esferas. En otra muestra del creciente interés, el diccionario en inglés Merriam-Webster anunció que “feminismo” fue la palabra más buscada en 2017. 

“Esta es una lucha feminista”.
Rachel Allison, sociologa

Incluso en un ambiente como el fútbol, ​​que es predominantemente masculino en sus símbolos, posibilidades y recursos, las mujeres comienzan a ganar terreno. En 2016, la FIFA anunció incentivos financieros para las federaciones nacionales para empujarlas a invertir más en el fútbol femenino. En marzo de 2018, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, propuso lanzar una liga mundial femenina. El interés se está despertando también entre los clubes europeos: el Manchester United anunció el lanzamiento de un equipo femenino.

En algunos casos, las oportunidades económicas están cada vez más disponibles y un aumento en los espectadores está abriendo nuevas avenidas comerciales que alimentan la ilusión de un futuro mejor.

En otros casos, los cambios son posibles gracias a luchas organizadas. Así como la selección danesa no se presentó a un partido de clasificación para el Mundial como protesta, las jugadoras argentinas se declararon en huelga, las irlandesas y las suecas amenazaron con no jugar para negociar mejores tratos, y varias jugadoras brasileñas renunciaron a la selección para hacer oír sus reclamos. En algunos países, la pelea dio sus frutos. Las selecciones femeninas de Holanda, Estados Unidos, Dinamarca, Suecia, Australia, Escocia y Noruega firmaron nuevos acuerdos con sus federaciones. Noruega es un punto de referencia en esta lucha, al ser la primera federación nacional en implementar un acuerdo de igualdad salarial para hombres y mujeres.

“Lo que está sucediendo en el fútbol ahora es nuevo y diferente. Es un desafío que las jugadoras plantean a la desigualdad de género”, dice Allison. “Creo que en unos años vamos a mirar hacia atrás y vamos a decir que estos fueron puntos de inflexión. Aquí es donde comenzamos a ver grietas, con movimientos de cambio y transformación. Esta es una lucha feminista”.